Mi granito de arena

…compartiendo mis recursos.


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Y tú ¿cómo recibes el reconocimiento?

Cuando alguien te expresa agradecimiento o reconocimiento ¿te es fácil recibirlo? ¿es incómodo que la gente exprese agradecimiento? ¿Cómo estas con tu capacidad de sentirte suficiente?¿te es mas fácil identificarte con las criticas que con el reconocimiento? A muchos de nosotros nos cuesta trabajo recibir el reconocimiento y aceptar los halagos.

Todo va fluyendo de maravilla, es una plática normal por mensajitos con una paciente hasta que:  ”Si no hubiera sido por ti, no lo hubiera conseguido” no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas al leer esa frase, y no es que no sienta que ese logro tiene que ver conmigo, de hecho es por eso que me inunda esta emoción.

Nunca se cómo responder a las frases positivas y de reconocimiento, he ido mejorando con los años pero no he logrado que recibir reconocimiento sea cómodo del todo. Es difícil ver que dentro de mí existe la sensación de ser valioso y ésta convive con la de no dar lo suficiente.

Recibir reconocimiento es muy valioso e importante para mí, por eso he juntado (y sigo juntando) recursos para poder recibirlo. Es cierto que aún tengo mucho que aprender (siempre tendré mucho que aprender) pero he recorrido un largo y difícil camino y merezco sentir el gozo de ser reconocido.

Debo de aceptar que esta vez, dado que estoy pasando por caminos emocionales difíciles, me tarde mucho más de lo normal en digerirlo. Me hubiera gustado contestarle “en realidad me conmueve tu agradecimiento, a veces me es difícil ver que soy bueno y recibir tu reconocimiento llena mi corazón, y créeme, escribo esto llorando”

Aceptar que dentro de mí conviven estas dos sensaciones me ayuda a poder disfrutar de las dos y poder sacar lo mejor de ambas. Mucho tiempo pensé que para sentirme suficiente tenía que quitar la sensación de insuficiencia primero, hoy sé que si hiciera eso me perdería de un gran recurso. Aceptar que me siento insuficiente y hablar de ello me ayuda a ver que aun con todos mis “defectos” soy digno de ser amado, soy suficiente.

Lo que me dificulta saber cómo reaccionar es una sensación muy fuerte, que generalmente viene acompañada de ganas de llorar. Es como si cuando me expresaran su agradecimiento volteara a ver lo que he recorrido y recordara que no ha sido fácil pero ha valido la pena. Es una sensación muy agradable pero intensa, hoy suelo expresar como me hace sentir lo que me dicen y lo valioso que son esas palabras para mí y es muy grato ver que a la otra persona le conmueve conmoverme y saber que lo que dice es recibido y valioso.

Dejar que el sentimiento de conmoverme cuando recibo reconocimiento o cuando veo un logro, notar que conseguir mis logros no ha sido fácil, escuchar las cosas positivas que los demás dicen sobre mí, no pelearme con la sensación de insuficiencia, vulnerarme seguido, notar las cosas que los demás hacen porque me quieren, darme cuenta de cuando los demás valoran lo que hago por ellos y pedirles que me lo digan cuando necesito escucharlo. Son algunos de los recursos que tengo para poder sentirme suficiente y a su vez sentirme suficiente me ayuda a recibir el reconocimiento, bonito circulo vicioso.

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Sobre los días grises.

En esos días donde todo es gris, los párpados te pesan más y no encuentras energía ni motivación para levantarte ¿De dónde sacas la fuerza para seguir? ¿Qué es lo que te hace seguir, cuando nada tiene sentido? ¿Cómo recuperas la energía?

A mi, esos días me llegan más seguido de lo que quisiera y -además– se combinan con mi perfeccionismo para hacerme las horas aún más pesadas. Primero, viene la sensación de pérdida de sentido y detrás de ella, pegadita, vienen frases: ¿Cómo te atreves a ser terapeuta teniendo días como estos? ¿Cómo hablas de un mundo mejor sintiéndote así?…. y muchos ataques por el estilo.

Antes, realmente me tumbaban; dejaba de disfrutar la vida varios días, sólo estaba disponible para mis pacientes… dejaba de lado a mis amigos y mi vida. Tardaba meses en salir de esa tormenta interna. Poco a poco, he ido juntando recursos para poder hacer cosas distintas.

Así, hoy que paso por una de las tormentas más fuertes de mi historia, me sorprende descubrirme como escuché alguna vez: “No estoy firme como el roble que en medio de la tormenta se rompe, estoy flexible y arraigado como la palmera“. No he hecho a un lado la tormenta; la vivo, la siento y a ratos ¡hasta la disfruto!

¿Qué me ayuda? Reconocer que la sensación es real, no es la realidad. Es decir, la sensación interna es real, la valido, la reconozco y la vivo… pero no le doy de comer. No me juzgo por sentirme así, no me digo que no debería sentirlo. Sólo abrazo la sensación, la escucho y la dejo ir y parte de lo que necesito para dejarla ir son una GRAN cantidad de “realidades”: recordar mis casos de éxito, todos esos pacientes a los que he dado de alta y que hoy viven una vida más plena gracias al acompañamiento que les pude dar. Recuerdo a los alumnos que han  pasado por mis cursos y las frases de agradecimiento que me dan. Recuerdo mi propio cambio , porque si comencé a creer en las terapias fue porque el primer gran cambio lo noté en mi.

Otra cosa me ha ayudado y me sigue apoyando, es tener amigos amorosos, pacientes y cercanos que estén conmigo en estos momentos. Es cierto que cuando estoy decrépito, no soy de las personas mas fáciles de acompañar; afortunadamente tengo amigos que me acompañan en este proceso, recordándome que lo que hago tiene sentido y que gracias a mi compañía su vida es mejor y sobre todo, que me recuerdan que me aman y me aceptan, imperfecto como soy.

Abrir los ojos y los oídos a las buenas noticias, cada día somos más lo que queremos un mundo mejor y poco a poco, estamos ampliando las posibilidades para crearlo. Es cierto, yo no puedo crear un mundo mejor, pero puedo poner todo de mi para hacerlo y contagiar esta chispa a la mayor cantidad de personas posibles. Mi trabajo es el lugar desde el cual decido dar mi aportación para crear un mundo mejor; estoy convencido que no existe gente mala, sólo gente herida, que no sabe manejar sus emociones.

Ayer en terapia, pude ponerle nombre a la sensación que me acompaña todo el tiempo: desesperanza. Mucho tiempo fue mi enemiga a vencer; hoy comienzo a tomarla como una nueva aliada. Es cierto que es horrible vivir con una sensación constante de “nada tiene sentido”, pero también es cierto que gracias a esa sensación he logrado conseguir una cantidad importante de recursos que me ayudan a vivir una vida auténticamente plena, llena de amor y sentido, rodeado de relaciones que me conocen y aman tal cual soy.

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Un café a toda madre

¿Cómo puede alguien cuidarte si no sabe lo que es importante para ti? ¿Cómo puedes sentirte realmente aceptado, si no muestras lo que te avergüenza? ¿Has probado como se siente ser aceptado y comprendido, mostrando lo que -según tu- debería causar rechazo? Cada día, me sumo más, al ejército de la vulnerabilidad;  descubro sus bondades y su poder.

¿Alguna vez has tenido uno de esos eventos que se te aparecen hasta en la sopa? Definitivamente, cuando estás listo para algo, la vida no te deja hacerte pendejo. ¿Han sentido esa sensación de: “!Estoy listo para dar ese gran paso¡”? Lo único malo es que el “estar listo”, no quita el miedo.

Llevo varios meses listo para hablar con mi mamá. Desde que decidí dejar la física y tomar mi propio camino, he sentido un constante rechazo y distanciamiento con mi mama. No importa qué haga, nada es suficiente para ella; he tenido la firme creencia de que para ser aceptado por mi mama, tengo que ser lo que ella quiere y es un precio, que no estoy dispuesto a pagar.

Para los que no la conocen, mi madre es una mujer con un carácter MUY fuerte; es extraordinaria defendiendo su punto y eso de la hipocresía, no se le da. Como terapeuta, puedo entenderla; ha tenido una vida bastante dura. Como hijo, la amo y la admiro; jamás ha quitado el dedo del renglón, no ha dejado de luchar y a pesar de todo lo que ha vivido, no se ha amargado; sin embargo, no puedo acercarme, me hace daño. Me siento reprobado y exigido.

Rendido, preparo mis armas para platicar con esta dura mujer; no llevo cuchillos, argumentos o reclamos. Me armo de valor, pongo el corazón en mi mano y lleno mis bolsillos de emociones. Estoy dispuesto a pasar las horas que sean necesarias para arreglar la relación con mi mamá. Sé que no va a ser fácil, a mi mama no se le da esto de la vulnerabilidad.

Llegamos al café, me siento. Muy asustado, tomo aire para comenzar. Con los ojos llorosos digo: ”Quiero hablar contigo mamá, porque te amo y no me gusta estar lejos de ti. Me alejo, porque estar cerca de ti me hace daño, pero también sé que no puedes cuidarme porque jamás te he dicho qué es lo que me lastima”.

Pocas veces he disfrutado tanto equivocarme, como esta. En realidad -y de hecho- la plática fue en extremo fácil, comprensiva y nutritiva. Hoy conocí una nueva careta de mi mamá; siempre ha estado ahí, simplemente estaba ciego para poderla ver. Realmente pude ver en sus ojos y sentir en mi corazón, lo orgullosa que está de mi como humano y terapeuta. No tengo que ser nadie más para que esté orgullosa de mi.

Si no has encontrado la forma de acercarte a quienes quieres, o a lo que duele… ¿Por qué no intentarlo siendo vulnerable? Vulnerabilidad NO ES debilidad, hay mucha fortaleza y valentía en el acto de vulnerarse. Es cierto que no es fácil, a veces las personas –amorosamente- hacen cosas que nos hacen sentir rechazados, como decirnos “no estés triste”, “no es para tanto”, ”lo que tu deberías de hacer es…”. Lo dicen porque nos aman y no les gusta vernos mal, pero con el mismo amor puedes responder: “ Sé que lo haces porque me amas, pero es mejor para mí, que me aceptes con esta sensación y me digas que es normal tenerla. Quizá, si me pudieras compartir en qué momentos te has sentido igual –o parecido- a mi, me harías sentir comprendido”.

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