Mi granito de arena

…compartiendo mis recursos.


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Un café a toda madre

¿Cómo puede alguien cuidarte si no sabe lo que es importante para ti? ¿Cómo puedes sentirte realmente aceptado, si no muestras lo que te avergüenza? ¿Has probado como se siente ser aceptado y comprendido, mostrando lo que -según tu- debería causar rechazo? Cada día, me sumo más, al ejército de la vulnerabilidad;  descubro sus bondades y su poder.

¿Alguna vez has tenido uno de esos eventos que se te aparecen hasta en la sopa? Definitivamente, cuando estás listo para algo, la vida no te deja hacerte pendejo. ¿Han sentido esa sensación de: “!Estoy listo para dar ese gran paso¡”? Lo único malo es que el “estar listo”, no quita el miedo.

Llevo varios meses listo para hablar con mi mamá. Desde que decidí dejar la física y tomar mi propio camino, he sentido un constante rechazo y distanciamiento con mi mama. No importa qué haga, nada es suficiente para ella; he tenido la firme creencia de que para ser aceptado por mi mama, tengo que ser lo que ella quiere y es un precio, que no estoy dispuesto a pagar.

Para los que no la conocen, mi madre es una mujer con un carácter MUY fuerte; es extraordinaria defendiendo su punto y eso de la hipocresía, no se le da. Como terapeuta, puedo entenderla; ha tenido una vida bastante dura. Como hijo, la amo y la admiro; jamás ha quitado el dedo del renglón, no ha dejado de luchar y a pesar de todo lo que ha vivido, no se ha amargado; sin embargo, no puedo acercarme, me hace daño. Me siento reprobado y exigido.

Rendido, preparo mis armas para platicar con esta dura mujer; no llevo cuchillos, argumentos o reclamos. Me armo de valor, pongo el corazón en mi mano y lleno mis bolsillos de emociones. Estoy dispuesto a pasar las horas que sean necesarias para arreglar la relación con mi mamá. Sé que no va a ser fácil, a mi mama no se le da esto de la vulnerabilidad.

Llegamos al café, me siento. Muy asustado, tomo aire para comenzar. Con los ojos llorosos digo: ”Quiero hablar contigo mamá, porque te amo y no me gusta estar lejos de ti. Me alejo, porque estar cerca de ti me hace daño, pero también sé que no puedes cuidarme porque jamás te he dicho qué es lo que me lastima”.

Pocas veces he disfrutado tanto equivocarme, como esta. En realidad -y de hecho- la plática fue en extremo fácil, comprensiva y nutritiva. Hoy conocí una nueva careta de mi mamá; siempre ha estado ahí, simplemente estaba ciego para poderla ver. Realmente pude ver en sus ojos y sentir en mi corazón, lo orgullosa que está de mi como humano y terapeuta. No tengo que ser nadie más para que esté orgullosa de mi.

Si no has encontrado la forma de acercarte a quienes quieres, o a lo que duele… ¿Por qué no intentarlo siendo vulnerable? Vulnerabilidad NO ES debilidad, hay mucha fortaleza y valentía en el acto de vulnerarse. Es cierto que no es fácil, a veces las personas –amorosamente- hacen cosas que nos hacen sentir rechazados, como decirnos “no estés triste”, “no es para tanto”, ”lo que tu deberías de hacer es…”. Lo dicen porque nos aman y no les gusta vernos mal, pero con el mismo amor puedes responder: “ Sé que lo haces porque me amas, pero es mejor para mí, que me aceptes con esta sensación y me digas que es normal tenerla. Quizá, si me pudieras compartir en qué momentos te has sentido igual –o parecido- a mi, me harías sentir comprendido”.

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¿Estás siendo todo lo que te gustaría ser?

Crecí en una familia contestataria, nacionalista y con un fuerte sentido de crítica. Suelo decir de broma (aunque, es de hecho, un poco cierto) que fui concebido, parido y criado en una manifestación. Hace algunos años decidí  tomar mi propia bandera en la lucha por un mundo mejor: el vivir nuestras emociones.

En mi familia existe una “guerra contra halloween”.  Muchos años he estado triste por ver cómo poco a poco el día de muertos va muriendo. Lo curioso es que, si bien, el día de muertos es mi festividad favorita, Halloween no está del todo mal. Las fiestas de disfraces son muy divertidas y la idea de hacer casas de los sustos para que los niños pasen un buen rato, al pedir su calaverita, me agradan.

Lo curioso de esta guerra, es que me he quedado sin ambas; hace algunos años que no pongo la ofrenda.  Muchos de los recuerdos más gratos de mi infancia, son poniendo la ofrenda con mi mamá, mi padrastro y mi hermano Fabio. Tampoco he practicado hacer alguna casa de los sustos o práctica similar para los niños hambrientos de picaduras de dientes.

Quizá estas palabras les parezcan puro chisme o palabrería sin sentido, lo curioso es que vivimos en un mundo donde solemos hacer lo mismo. Aún recuerdo la primera vez que escuché: “Por qué no más  “y” y menos “o”. Muchas veces, las opciones que queremos no son mutuamente excluyentes, existen casos de personas como Newton: físico, matemático, alquimista…

 El próximo año, escogeré vivir lo mejor de ambos mundos, invitaré a mis seres queridos a poner la ofrenda, partiré el pan de muerto con ellos y dejaré mi casa con olor a mirra y copal. También, prepararé una casa de los sustos para los niños, planearé bien mis disfraces para las fiestas y haré maratón de pelis de terror.

Mi invitación sería practicar el más “y” y menos “o”. Puedes ser un godinez y un actor, un terapeuta y un escritor, un abogado y un pintor… o inclusive, todas las anteriores. Puedes ser tierno y firme, comprensivo y estricto, cercano y distante. Parte de lo más chido del ser humano es la complejidad que podemos llegar a tener, podemos tener cosas aparentemente irreconciliables  dentro de nosotros: somos complejos, multifacéticos y un hermoso mar de contradicciones.

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 Imagen sacada de http://www.artoftebin.com/?p=1580


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Para ti ¿qué es lo importante?

Comenzar con este proyecto/blog fue en extremo difícil para mí, de hecho, continuarlo también requiere una parte importante de mi energía.

Por un lado, está el hecho de exponer mis ideas, de decirle al mundo esto es lo que pienso, así es como vivo y tengo esto para compartir, porque al decirlo me expongo al juicio, la crítica y al dolor. Sé que al leer esto a muchos de ustedes les gustaría decirme “¡Hey! No debe importarte lo que los demás digan/piensen, y mucho menos dolerte”.

De hecho me importa y mucho, asumirlo, me ayuda a conocerme, ser honesto conmigo y sobre todo cuidarme. Durante muchos años de mi vida realmente pensé que no me importaba la opinión de los demás, y actuaba en consecuencia. El resultado no fue muy agradable; vivía demostrando cómo no me importaba lo que pensaran los demás de mí. Y lo peor, no podía pedir reconocimiento, opinión positiva ni palabras de afirmación (cosas en extremo necesarias para mí)

Hoy que reconozco lo importante que es para mí la opinión de los demás puedo usarlo a mi favor. Antes cuando me sentía criticado reaccionaba de forma violenta, hoy sé que lo que pasa es que me duele, al saberlo puedo dejar de defenderme, pedir que me den su opinión de manera distinta y así poder aprender de las opiniones externas. También puedo ir con personas que quiero y pedirles reconocimiento que es muy nutritivo para mí.

Aceptar lo importante que es para mí la opinión de los demás me permite reconocer lo valiente que soy al exponerme a la crítica. Aunque a veces es difícil reconocer mis necesidades y las cosas que me afectan (sobre todo cuando son emociones o situaciones que la sociedad no permite) tiene grandes ventajas.

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Brené Brown; investigadora de la vergüenza 


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¿Por qué hago lo que hago?

Esto solo  me lleva a 3 sencillas respuestas:

 

1.- Hace algunos años estaba terminando la relación de pareja ,hasta entonces más importante para mí, mientras mi hermano estaba por casarse. Un día desayunando, mi hermano me dijo: “No te has puesto en paz con que no depende de ti que tu relación dure”. Muy encabronado, le respondí: “Con esa pinche mentalidad para qué te casas” y el serenamente contestó: “Yo no sé lo que me espera en un futuro; quizá no funcione el matrimonio, quizá ella se enamore de alguien más, quizá alguno de los dos muera… lo que sí se y depende de mí, es hacer lo mejor que pueda para que esto funcione”.

Desde ese día he adoptado esa visión de pareja y me ha sido muy útil; llevo casi dos años en una relación de pareja con mucho amor y admiración mutua. El vivir nuestro proceso emocional nos ha ayudado a crecer mucho, como pareja y como individuos.

Simplemente hacer lo mejor de mí para que la relación funcione, gastar todos mis recursos y de ser necesario buscar nuevos; haciendo esto por mí, no por ella ni por un resultado, para que el día que esto termine (espero que sea a los 80 rodeados de gozo y aprendizaje) pueda voltear hacia atrás y decir: “¡Lo di todo!.

 

2.- Cuando era niño escuché una canción en plaza sésamo:

 “Memo Méndez caminando

arrojo un papel aquí,

otro por allá

hasta llenar la ciudad

y si cada niño hiciera igual

todo se vería muy mal.
No habría donde jugar,
ni donde irse a parar.
Sería un mundo sucio y aburrido en verdad!!!
YUK!”
Hoy, con algunos años más, no puedo evitar preguntarme ¿y si todos hiciéramos lo mejor de nosotros? ¿Si todos apoyáramos al de a lado? ¿Si todo hiciéramos un esfuerzo por notar que el tener mucho, no necesariamente te hace sentir mejor?

 

3.-  Yo he vivido el cambio. He pasado de vivir en un mundo desconectado y violento, donde me sentía solo, vacío y sin sentido, a un mundo donde estoy pleno y conectado. Esto no quiere decir que todo sea alegría y felicidad, pero el aprender a vivir el dolor, el miedo y todas las demás emociones y – sobre todo- el aprender a utilizarlas a mi favor ha hecho que me sienta más lleno de paz. Hoy me siento realmente valioso y lleno.

Pocas cosas me dan tanto gusto como saber e ir viendo que contagiar esto es posible. He acompañado a muchos pacientes en su camino de búsqueda personal, sé que no es cosa fácil pero también sé que vale la pena.

En conclusión, hago lo que hago para dar todo de mi para crear un mundo mejor; quizá lo consiga quizá no, pero haré todo lo posible por esparcir esta chispa que me ha devuelto a la vida y me ha ayudado a acompañar a otros a volver a la vida.

Si una manzana podrida, pudre a las demás ¿no podría una manzana sana… sanarlas?